
La mejor película española del año pasado no es un largometraje ni un corto, no es ficción ni documental, no tiene un reparto profesional ni se ha estrenado en salas ni DVDs. Por desgracia.
La morte rouge, híbrido de autobiografía y reflexión sobre la creación, la realidad y el recuerdo durante la infancia, es un mediometraje del director vasco Víctor Erice realizado por encargo para la exposición Correspondencias, muestra hispanofrancesa de la obra del autor español y su homólogo iraní Abbas Kiarostami.
En esta película, Erice nos cuenta la historia de un niño que descubre por primera vez el cine sin haber sido alertado de que sus tramas son pura invención. Aterrado, cuando el niño-Erice contempla una película de intriga no sólo se inquieta por lo siniestro del cuento sino por la complicidad de la audiencia, que es testigo de los crímenes sin inmutarse. Afuera en las calles, otros crímenes –es la posguerra- quedan también sin resolver y se mezclan en los sueños del niño.
La obra es un prodigio de media hora que ahonda en la poesía sin caer en grandes brochazos, en pedanterías grandilocuentes ni obviedades. Al contrario, resulta una película humilde. Es un mediometraje frente a los largos cada vez más largos. Frente a la macrohistoria recurre a la microhistoria, la de un director y una película poco conocidos. Y frente a la vida de un niño como otro cualquiera en el franquismo; el mar, símbolo de lo que permanece.
La morte rouge, híbrido de autobiografía y reflexión sobre la creación, la realidad y el recuerdo durante la infancia, es un mediometraje del director vasco Víctor Erice realizado por encargo para la exposición Correspondencias, muestra hispanofrancesa de la obra del autor español y su homólogo iraní Abbas Kiarostami.
En esta película, Erice nos cuenta la historia de un niño que descubre por primera vez el cine sin haber sido alertado de que sus tramas son pura invención. Aterrado, cuando el niño-Erice contempla una película de intriga no sólo se inquieta por lo siniestro del cuento sino por la complicidad de la audiencia, que es testigo de los crímenes sin inmutarse. Afuera en las calles, otros crímenes –es la posguerra- quedan también sin resolver y se mezclan en los sueños del niño.
La obra es un prodigio de media hora que ahonda en la poesía sin caer en grandes brochazos, en pedanterías grandilocuentes ni obviedades. Al contrario, resulta una película humilde. Es un mediometraje frente a los largos cada vez más largos. Frente a la macrohistoria recurre a la microhistoria, la de un director y una película poco conocidos. Y frente a la vida de un niño como otro cualquiera en el franquismo; el mar, símbolo de lo que permanece.

Es un error pensar en La morte rouge como una historia autobiográfica sin más. Sus reflexiones borgianas sobre cómo los autores desarrollan historias muy reales para otros van más allá. Yo también he soñado en mi infancia con un ET de carne y hueso, algo que me acompañará con más viveza que cualquier enseñanza del parvulario. Los dioses y los mitos no por no existir son menos poderosos, como dice Alan Moore.
Pero es notorio que Erice haya hecho esta película cuando se acerca a los setenta años. Me hace pensar en la frase de Robert Crumb: llega un momento en que contemplas la dimensión épica de tu propia vida. Toda ella es narrable, y es la que mejor conoces.
Muchas personas devienen narradores inevitables, en primera persona, de su propia vida. ¿Cuántos de nosotros nos hemos puesto unos cascos con el reproductor de CD o mp3 y hemos visto moverse el paisaje al ritmo de la música? Se dice que Alfred Jarry, autor de Ubú rey, terminó pareciéndose mucho a su propio personaje, basado en un profesor del colegio al que todos ridiculizaban. Jarry adoptó su forma de hablar y su excentricismo. Y no sólo es propio del arte. El conde duque de Olivares, en su lecho de muerte, recordaba a voces “cuando era rector” de la universidad de Salamanca. Erice, preso de su propio y hermético perfeccionismo, ha sido incapaz de realizar un largometraje en diecisiete años. La morte rouge es muchas cosas pero podría ser el espejo en el que se refleja, doloroso, el retrato de un director que ha sido secreto durante años.
La ficción puede ser la otra cara de nuestra realidad. A veces presenciamos las obras de fantasmas, pero ellos son nuestros últimos espectadores.
Pero es notorio que Erice haya hecho esta película cuando se acerca a los setenta años. Me hace pensar en la frase de Robert Crumb: llega un momento en que contemplas la dimensión épica de tu propia vida. Toda ella es narrable, y es la que mejor conoces.
Muchas personas devienen narradores inevitables, en primera persona, de su propia vida. ¿Cuántos de nosotros nos hemos puesto unos cascos con el reproductor de CD o mp3 y hemos visto moverse el paisaje al ritmo de la música? Se dice que Alfred Jarry, autor de Ubú rey, terminó pareciéndose mucho a su propio personaje, basado en un profesor del colegio al que todos ridiculizaban. Jarry adoptó su forma de hablar y su excentricismo. Y no sólo es propio del arte. El conde duque de Olivares, en su lecho de muerte, recordaba a voces “cuando era rector” de la universidad de Salamanca. Erice, preso de su propio y hermético perfeccionismo, ha sido incapaz de realizar un largometraje en diecisiete años. La morte rouge es muchas cosas pero podría ser el espejo en el que se refleja, doloroso, el retrato de un director que ha sido secreto durante años.
La ficción puede ser la otra cara de nuestra realidad. A veces presenciamos las obras de fantasmas, pero ellos son nuestros últimos espectadores.
Nota GaGa: Los señores, señoritas y animales gaga detrás de este blog dan una cariñosa bienvenida al respondable de este post, nuestro querido amigo Albretch. ¡Y que sean muchos más!


2 comentarios:
Como en casa me encuentro, oigan!
-Albretch
mmm la verdad es que no he visto este mediometraje del que hablas pero la idea me parece bastante buena... mira que de ser o no adbertidos de que lo que se ve es ficcion, cuando se es niño no hay mucha diferencia; ya que a pesar de haber sido advertida de que los aliens, chucky, payasos diabolicos entre otros eran solo una invencion, me cagaba de miedo igual no mas jajaja
saludos mijo`
y ojo que pille la palabra "cascos" por ahi jejej
esta bien se le perdona
suerte!
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