lunes, 29 de junio de 2009

Blanco o Negro… nunca gris


El 11 de Septiembre del 2001 AM me encontraba trabajando en Santiago de Chile para una institución que rehabilita a niños y adolescentes con discapacidad (Fundación Teletón), cuando de pronto un amigo se me acerca corriendo para decirme textualmente “empezó la tercera guerra mundial”.
Obviamente no le creí y seguí trabajando con los niños hasta vi de lejos a un grupo de colegas frente a un televisor. Un edificio en llamas era el espectáculo. Esa tarde una profunda pena me hizo querer hablar con varias personas para decirles “te quiero”. Un avión me podía caer en la cabeza en cualquier momento y más que nunca deseaba estar en paz con mis enemigos, amigos y disfrutar lo que la vida me quisiera dar.

3 años más tarde la vida quiso que estuviera en Madrid.
Al cabo de pocos meses de haber aterrizado chocaría de frente y sin airbag contra los fantasmas de aquel septiembre 01. Fue también un día 11 pero esta vez de Marzo. Vivía en el sofá de un amigo, ludópata y argentino, que me acogió en momentos de desesperada miseria, la misma que me haría aceptar un trabajo en el que no hablaba con nadie porque mis funciones eran de invisible mudo.
Desconectado del planeta ese día salí de aquel “trabajo” a las 4 de la tarde y me encontré con una ciudad fantasma, triste. Se respiraba un aire malo, muy malo. Me metí en el metro y caminé hasta el andén a esperar el tren que me llevaría de vuelta a casa (o al menos al sillón). Fue ahí cuando levanté la vista hacia una tele y vi por primera vez las noticias. Primero no entendí nada. Mis ojos me decían que ese manojo de chatarra chamuscada era un tren. Luego por fin leí el scroll y me di cuenta que las imágenes realmente hablaban de Madrid. Me di cuenta que, sin saberlo, estaba atrapado en la ciudad donde ese día se vivía el Apocalipsis.
Aun aturdido hacía esfuerzos y recordaba que esa mañana desde casa había tratado de chequear Internet sin éxito. Más tarde me enteraría que habían robado el 1er piso de nuestro edificio cortando la alarma. Nos habían cortado el teléfono, el ADSL y por lo tanto desconectado del mundo. Peor aun, me habían desconectado de mi familia.
Recordarlo me emociona. Fue una cosa de segundos. Se me ablandaron las piernas. Eran las 4 de la tarde y sin duda en Chile, en mi casa, desde las 8 AM pensaban que yo estaba explosionado, mutilado o aun peor, muerto.
Me dieron ganas de llorar, de acelerar el tren para llegar rápido a algún teléfono público donde poder meter ese Euro y marcar el 0056.
Mi hermana ahora me cuenta que cuando mi mamá despertó y vio la tele se quedó muda. Muda por largos minutos. No tenía por qué saber que en Madrid el tren de cercanías RENFE es diferente al Metro de la ciudad. No tenía por qué saber que yo estaba a salvo.

Va a parecer increíble, y lo es. 2 años después de este suceso y casi 5 luego de lo de NY, me encontraría en Londres. Fue un 7 de Julio. Yo vivía sobre un negocio de revistas y lotería cerca de Peckham Rye en el south east de la ciudad. Aquella mañana como casi siempre bajé muy temprano a la biblioteca pública del barrio a leer un poco de prensa y a escribir mails.
Las noticias hablaban de “desperfectos en unas cuantas líneas del “London tube”. Poco más tarde aquellos desperfectos mutarían a sendas explosiones y muertos por culpa del terrorismo (sea lo que sea que eso signifique).
Esta vez tenía 5 horas de ventaja sobre Chile. 5 horas perdidas en un limbo geo espacial gracias a las cuales mi familia podría soñar un poco más, despertar y encender la TV para luego encontrarse con la tranquilidad de mi mail en sus bandejas de entrada: “Estamos bien, en casa y a salvo. Tenemos un poco de miedo. La ciudad está sitiada. Las autoridades recomiendan no salir y por ningún motivo pensamos hacerlo. Los quiero. Estén tranquilos. Seguiré en contacto”.

Las semanas siguientes pude rasgar una vez más el lienzo que conocemos por mundo para echar un vistazo a través. Una vez más porque ya lo había hecho en Madrid. Pude ver al ser humano comportándose como un pequeño ratón blanco inseguro, desconfiado y temeroso encerrado en un laberinto sin salida. Una vez más pude ver el pánico en rostros ajenos. En ese metro, el de Londres, donde hace más de 50 años mujeres y niños habían logrado refugiarse de un bombardeo quizás aun más bestial.

Todas estas experiencias me hicieron reflexionar y cambiar de opinión por un tiempo. Durante esas épocas de permanente alerta animal dejaría de lado mi predilección por los grises de la vida, los matices, para luchar forzadamente entre el Blanco y Negro. El blanco y negro que impera durante el caos. Vida y muerte no pudieron estar más cerca de mi cotidianidad y aquello me marcó.
Con el paso del tiempo el equilibrio ha vuelto a restaurarse. Nuevamente puedo disfrutar de aquellos matices de la vida. Sin embargo, la sensación permanecería latente para siempre, lista para ser reactivada con toda su fuerza frente a algún estímulo preciso.

Ocurrió también en Londres, y aunque aquí no hubo explosiones ni muerte, sí hubo caos. Inmediatamente puse mi switch en alerta. Mi cuerpo lo sentía. También las personas con las que compartía en ese momento. Trabajaba esta vez en un teatro como parte del Staff. Lo recuerdo perfecto. Parecía como si la ciudad se acallara para recibir un impacto. En ese silencio comencé a escuchar gritos. Con Mathiew nos paralizamos, aguzamos nuestras antenas. Pasó un segundo y recibimos una llamada por interfono. Nos avisaban que estuviéramos preparados pues una estrella venía al teatro a ver el espectáculo. Pero no una estrella cualquiera (como a las que estábamos acostumbrados), esta era “la” estrella.
Bobbies cortando la calle, gente gritando dividida en dos bandos (amor y odio), y caos. Por sobre todas las cosas caos.
Bajé corriendo los 5 pisos del edificio para llegar a la puerta principal. Los guardias trataban de contener a la multitud fuera de sí cuando de pronto, pasando entre un diminuto espacio formado por brazos y piernas apareció él: Michael Jackson.
Me quedé helado. Nos quedamos helados. Solo atiné a decir “Hi”. El me respondió suavemente y dejó que mis compañeros le guiaran hacia su asiento. El show comenzó aunque claramente ese día los focos no estarían en el escenario.

Hace un par de días Michael murió, y me di cuenta que al margen del chiste sobre el color de su piel, su vida (como la de otros genios y estrellas) debe haber pendulado constantemente entre aquel blanco y negro tirano que gobierna durante el caos. Jackson fue sin duda uno de esos ratoncillos que buscan desesperadamente salir de ese laberinto bipolar. Luchó por escapar usando lo único que realmente le hacía libre; su magia. Sin embargo, llegó el momento en que su corazón simplemente no pudo más.

Sintonizo Bilie Jean y el caos se apodera de mi, esta vez con un dejo hermoso, triste y prodigioso. No puedo centrarme, las emociones me embargan. No puedo definirlas.
¿Pena? No lo sé. Dejo la cabeza a un lado y me dejo llevar. Mi pie hace rato que ha tomado la delantera y no para de bailar.

viernes, 19 de junio de 2009

Bye Bye Madrid, Bye Bye Europa

Una fría noche-madrugada de Noviembre del 2003, (sí, hace casi 6 años) se me ocurrió no sé por qué razón emprendedora estar aterrizando en el aeropuerto de Barajas en Madrid.
No conocía a nadie, me eran extrañas las monedas, los posibles peligros y también los posibles buenos caminos.
Nadie me había advertido que no se me entendería el “al tiro”, el “fome”, ni el “harto”, peor aun, no sabía que no se me entendería el sentido del humor ni que ahí los niños no habían crecido viendo al “Chavo del ocho” sino que a “Groucho Marx”.
No sabía que desde ese momento comenzaba a ser, por primera vez en mi vida, un “extranjero”. No. Ni idea de lo que era eso (oh por Dios).
Habían pasado más de 13 horas desde que mi familia me despidiera entre lágrimas en SCL. Al menos 7 horas desde que había terminado de re leer en medio del vuelo las cartas de buenos deseos de un sin fin de amigos. Habían pasado pocas horas desde que había dejado a personas muy importantes a las cuales no sabía hasta qué punto no volvería a ver. Al menos tal como las había dejado al sobrevolar la cordillera hacia este nuevo destino / desafío que recién comenzaba.
Recuerdo que la sensación física es extraña. Al aterrizar y pasar la aduana uno lo único que quiere es irse a la cama a dormir, pero por el contrario todos a tu alrededor están amaneciendo. Es el primer indicio de que uno ha viajado al futuro por más que el cuerpo intente quedarse en el pasado.
Hoy estoy de regreso en Chile, casi 6 años después, y no solo mi cuerpo ha cambiado sino también, los emprendimientos, mi cabeza y casi todo lo que me rodea.
Es inevitable dejarse empapar por ese tufillo nostálgico. 5 años sin duda alcanzan para contar 10 mil historias (o más).
Estas líneas se supone que las quería escribir en Madrid hace una semana. Se supone que iban a ser una suerte de cúmulo de eventos significativos y dignos de contar. De rememorar. Pero todo fue muy intenso y no tuve tiempo.
Hace una semana estaba en casa, agobiado por 35º, pero en casa al fin y al cabo. Porque sí, Madrid ya era mi casa.
Ahora he vuelto al hogar de mi Madre en Santiago (de Chile, no de Compostela ni de Cuba), que por cierto tampoco es la casa a la que solía visitarle. Todo se ha transformado.
Hace una semana necesitaba protección solar. Ahora necesito un “Chaleco”, o varios. Quizás también algo más.
En Madrid si uno pide un chaleco nadie te va a entender. Es mejor pedir un “Jersey”
Si uno viaja a Londres, donde también tuve mi casa alguna vez, por 2 largos años, debe cambiar el chip a “Sweater”. Ahora todas estas minucias se transforman en recuerdos. En experiencia. En nostalgia. Ahhhh. Londres, el siempre frío pero excitante Londres.
Flash, flash, flash!!! Imágenes, olores y mil rostros. Es imposible describirlo todo en tan pocas palabras. ¡Maldición!
Quizás no hay que describir nada. El cofre siempre estará ahí lleno de memories brillantes y otros no tanto para cuando quiera sentarme a mirar, a mirar para atrás.
Hace un par de semanas (quizás 3) ocurrió algo mágico. Una coincidencia de esas que pasan a veces y que hacen clic en el momento preciso.
Un amigo periodista chileno también afincado en Madrid, finalmente publicó en su pasquín un especial sobre Madrid en el que venía trabajando desde hace un tiempo. Me había pedido ayuda: “Porfa, redáctame 3 razones por las que amas la ciudad”. A mi rápidamente se me vinieron a la cabeza muchas más. Incluso razones para odiarla. Logré resumirlas en 3. Bien sosas, pero al fin 3.
Quedó solo una en la publicación.
Adiós Madrid. Adiós Europa. Adiós amigos y familia. Adiós al "más cosas", a la Plaza Mayor, al jardín del buen Retiro, al Volley con los amigos, a las tortitas con nata del VIPS, a las sesiones de cine de la plaza de los cubos en V.O., a las tardes regalonas y las noches empujando el escritorio para ver LOST. Adiós al fútbol en la Sexta, al teletexto y al "Ahorramás". Adiós a la bruja del registro de propiedad intelectual, a todas las calles con olor a pipí, al oso de Sol y todas esas estaciones de metro en las que el tren está a tantos minutos de llegar.
Hasta pronto (espero muy pronto) Mr. Frogo. Y no, no te olvido felpudo. Leo, tú también tienes que venir. Aunque el SAG te quiera retener en cuarentena. Nosotros diseñaremos un rescate perfecto en helicóptero, de película como tanto nos gusta, y te traeremos ahí donde estemos.
Ahí a nuestro nuevo hogar.

lunes, 8 de junio de 2009

El juez orina

Ya lo sé. Estuve buscando un título menos raro para este post pero no lo encontré. Es que de verdad es bien raro lo que os voy a contar. Curioso al menos.
En el post anterior hablé de mi difícil (llorón, rastrero, mimoso, pero verdadero) proceso de escribir un guión. Y con eso en mente hoy me gustaría agregar la siguiente pregunta: ¿Cómo saber si tu obra (peli) va a ser buena o mala?
Hay gente que se mataría (y mata) por obtener una respuesta a esto. Sobre todo los amigos productores (salu2 para ellos).
Buscando nosotros encontramos quizás el portal más gagá de los últimos años: Run pee.

La cosa es simple. Si te mueres de ganas de ir al baño en medio de una peli, este portal te dice en qué momento es mejor ausentarse de la sala sin correr riesgo de perder algo importante de la historia.
Ejemplo. Si estais viendo STAR TREK (la última, dirigida por J.J.) y las mil cervezas que te tomaste antes amenazan desde tu vejiga con aguarte la fiesta, no te preocupes. Run Pee nos dice que durante las 2 horas y 6 minutos de metraje existen "multiple PeeTimes available".
Lo mejor de todo es que si pinchas cada uno de los "PeeTimes" (PT) aparece un texto en el que te describen el momento exacto en que pudes salir corriendo (cuando laurita le dice a pedrito que manuelita es su hija y... hermana), para luego ofrecerte un texto donde describen lo que ocurre durante los X minutos que dura ese PT en concreto.
Lo mejor de todo, es que son tan considerados con el espectador, que incluso te protegen de posibles spoilers ¡¡codificando lo que te perdiste!!

Aquí, un ejemplo de ALIENS:
Quizás lo primero que uno tiende a criticar de RunPee es su limitado abanico nefrocinematográfico de análisis, circunscrito fundamentalmente a películas mainstream. Pero mirando un poco más en detalle uno se da cuenta que no solo hay otras secciones (como la de cine clásico),
sino que también, RunPee tiene una vocación 2.0 (están abiertos a recibir tus propios RunPees!).
A nosotros lo que más nos interesó es el espacio como tal, donde poder discutir abiertamente un elemento tan fundamental de la creación narrativa audiovisual. ¿Cómo saber si esta parte de mi historia funciona o no dentro del rompecabezas?
Sin duda habrán tantas opiniones como espectadores respecto a qué parte de una peli no nos dice nada, y estas podrán estar mejor o peor fundamentadas. Al final esa es la gracia. Debatir.
Por ejemplo, con Mr. Frogo casi nos matamos porque según mi humilde opinión, Titanic es sinónimo de la peor incontinencia urinaria que hayais sufrido (según RunPee, dentro de sus 3 horas 14 mins de duración solo hay 2 PeeTimes!!). Además, es una peli que desde el minuto 1 al 194 te sugestiona porque no hay plano en el que no salga el mar (que por cierto, uno sabe que está congelado).
Vale vale, me callo. Mr. Frogo aquí a mi lado me dice que soy un exagerado y que no es verdad lo del mar congelado en toda la peli.
Culebrón marítimo o no, lo cierto es que hice sangre con piedras, y me quedaron doliendo los ojos. ¿Y a vosotros?

viernes, 5 de junio de 2009

Chasing fantasmas

El primer paso para llevar adelante un proyecto parece ser siempre el mismo: sentarse a escribir en un papel lo que se ha pensado antes sobre la almohada.
Este primer paso concreto es tanto emocional y cerebralmente costoso pero necesario en cualquier tipo de emprendimiento. El primer paso para romper el a veces maldito statu quo al que tiende a empujarnos la naturaleza.
Usted nómbrelo: un edificio, un plan de trabajo, el nuevo diseño para su invento, todo, pero TODO necesita el rito de rozar la punta de un lápiz con un papel para comenzar a dar forma a lo que en algún momento fue su genial e intimo chispazo de creatividad. Sin embargo, ocurre algo curioso en el caso de la narrativa audiovisual.
Aquí el emprendimiento también comienza con una idea, pero el proceso natural que le sigue, (sí, el del lápiz y el papel) puede extenderse varios días, semanas, meses, y en muchos casos, hasta varios años. Me refiero a la escritura de un guión.
¿Puede una idea sobrevivir al tedioso paso del tiempo antes de concretar la forma a la que estaba destinada a transformarse? ¿Puede la fuerza creativa resistir los cambios personales que hacen verla y evaluarla constantemente como apuntándole con una pistola en la cabeza? ¿Puede esa idea sobrevivir a la pregunta sobre su valor o viabilidad luego de pasar tantas hojas de calendario?
Este post no tiene una respuesta para estas preguntas. Solo intento socializar un estado por el que siempre me habían dicho (libros y personas) se suele atravesar como guionista.
¿Tendrá sentido seguir escribiendo? ¿Tendrá sentido asumir el riesgo, invertir tanto tiempo en algo que tiene muchas probabilidades de terminar sirviendo solo para coger polvo en un cajón?
Un profesor alguna vez me dijo que es una pérdida de tiempo escribir un guión si nadie te lo ha encargado o paga por ello. Vale, puede ser, pero esto es como el cuento del huevo y la gallina. Ningún arquitecto intenta seriamente convencer a los demás del valor de su obra sin al menos tener una maqueta bajo el brazo (sea esta binaria o de cartón).
¿Tendrá sentido invertir tanto tiempo en escribir sin al menos saber si se está avanzando por el camino correcto? ¿Aló? ¿Amiga inseguridad? No, no me invites, que la borrachera luego es insoportable y duradera. Ya decidí sentarme frente al teclado y no dar más vueltas anesésicas. No me hagas cambiar nuevamente el número de mi teléfono.
No más guiones de cortometraje, tratamientos de 50 páginas o borradores para televisión. El guión de un LARGOMETRAJE es otra cosa.
Por muchas storylines, sinopsis, escaletas y tratamientos. Por muchos esquemas, pegatinas de colores clasificando tramas, curvas, inflexiones y valles dramáticos; llegó la hora de la verdad.
Me imagino que en este punto de la reflexión lo que cuenta es lo que la gente llama pasión. Una palabra que solo puedo imaginar de manera amorfa en mi cabeza, pero que me sirve para seguir adelante, aunque sea a tropezones.
En el caso de caer, siempre estará el viaje y las experiencias que quedan como consuelo.
Y como me gusta el cine, este post finalmente va del proceso de hacer cine y de la pasión necesaria para seguir adelante con tan Quijotezca aventura. Es por eso que comparto con vosotros algo así como la banda sonora de este momento. ADELE, de su Album “19”, Track 03: Chasing Pavements.
La traducción sería algo así:

Ya me he me he aclarado, no necesito pensármelo más, aun estando equivocada tendría razón, ya no necesito ver más, ya no, esto no es lujuria, ya lo sé, esto es amor, pero… Si se lo dijese a todo el mundo, aún no sería suficiente, porque no te lo he dicho a ti y eso es exactamente lo que necesito hacer al estar enamorada de ti. ¿Debería rendirme? o simplemente debería proseguir el camino aunque éste no condujera a ningún lado. ¿Sería una pérdida de tiempo? Aunque supiera cual es mi lugar, debería dejarlo allí? ¿Debería rendirme? o simplemente debería proseguir el camino, aunque éste no condujera a ningún lado. Yo me repondría y volaría alrededor en círculos, esperando entonces hasta que mi corazón se rompa y finalmente mi espalda comience a estremecerse, podría ser así? ¿Debería rendirme? o simplemente debería proseguir el camino aunque éste no condujera a ningún lado. ¿Sería una pérdida de tiempo? Aunque supiera cual es mi lugar, debería dejarlo allí? ¿Debería rendirme? o simplemente debería proseguir el camino, aunque éste no condujera a ningún lado. ¿Debería rendirme? o simplemente debería proseguir el camino aunque éste no condujera a ningún lado. ¿Sería una pérdida de tiempo? Aunque supiera cual es mi lugar, debería dejarlo allí? ¿Debería rendirme? o simplemente debería proseguir el camino, aunque éste no condujera a ningún lado.

Sí, lo sé, es una canción de amor y no de alguien escribiendo un guión. Pero también es una canción, de pasión, tiempo, cambio y por sobre todo de decisiones. La decisión de romper ese fatídico statu quo y empezar a mover nuestro gordo culo para hacer algo. Sea lo que sea.

Ya lo decía Malcolm Gladwell en su best seller "Fueras de serie"; para lograr la excelencia se necesitan 10 mil horas de práctica.

Este par de chicas cantan la canción de ADELE desde sus habitaciones, quizás comenzando a acumular horas, desde luego haciendo oídos sordos a sus inseguridades, y creyendo que tal vez no están tan equivocadas intentándolo. Al menos este es su primer paso.