miércoles, 29 de abril de 2009

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¡La gripe porcina ya está aquí! ¡Todos vamos a morir! Y para más remate ¡estamos en medio de la mayor crisis económica de la historia! Dios, ¿por qué nos castigas de esta manera? ¿Cuáles son los intereses ocultos tras la campaña del terror que los medios de comunicación parecen querer infundir sobre nosotros? ¿Solo quieren vender más portadas u obtener más hits? ¿Realmente quieren informar? ¿O es que Satán de verdad viene a por nosotros? No lo sé, pero lo que sí sé es que con Mr. Frogo hicimos un descubrimiento asombroso durante semana santa en nuestro viaje a Menorca. Un descubrimiento relacionado con las paranoias y el terror. Un descubrimiento relacionado con el mismísimo demonio.
Años atrás, cuando vivíamos en Londres, nos enfrentamos sin saberlo al anticristo, o por lo menos estuvimos cerca. Sin embargo, sobrevivimos para contarlo, y la historia es la siguiente:
En el 2005 yo preparaba un cortometraje. A Mr. Frogo le encargué el location scouting de un cementerio bajo los siguientes adjetivos: “Triste”, “tétrico” y “hermoso”. Al día siguiente Mr. F ya tenía un nombre: la iglesia de todos los santos en el Bishop's Park.

Ubicado junto a la rivera del Támesis, en el exclusivo y ultra millionare barrio de Fulham. El lugar era perfecto para el final de mi película. Un cementerio tan apacible como inquietante.

Tan pronto llegamos ahí Mr. Frogo comenzó a comportarse de una manera extraña. Firmó en el libro de visitas de la iglesia y se sentó en una banca entre lápidas con la mirada perdida en el vacío.

Yo también sentía cosas (entre ellas miedo) así que cuando comenzamos a “rodar” decidí mantener y utilizar esa energía. Al final de la jornada regresamos a casa con un aroma místico que no pasaría fácilmente.

4 años más tarde, en Menorca, y en medio de la semana santa, recordaríamos aquella sensación de la manera más psicodélica que nos podíamos imaginar. La noche previa al Domingo de resurrección se nos ocurrió volver a ver “La profecía” (The Omen, 1976) y además del terror y todo tipo de sugestiones con las que nos fuimos a dormir (el sapo terminó reconociendo que estaba “acojonado” a pesar de que se hacía el valiente) nos dábamos cuenta que no solo nuestra película había sido atraída hacia aquel cementerio místico de Fulham.










Pd: Tengo un recuerdo de infancia que jamás podré borrar. A mi hermana mayor en medio de la noche, tal como Gregory Peck, hurgando mi cabeza mientras yo dormía para constatar la presencia de la marca de la bestia detrás de mi oreja. Uff. Es increíble como el miedo y las paranoias pueden llegar a controlar nuestras acciones. Hacerse con aquel poder es una de las tretas más antiguas para manipularnos. La clave parece estar en no dejarnos engañar por todo lo que nos dicen o por lo primero que nos dicten nuestros sentidos.
Y no, no tengo la marca de la bestia detrás de mi oreja.

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