viernes, 5 de junio de 2009

Chasing fantasmas

El primer paso para llevar adelante un proyecto parece ser siempre el mismo: sentarse a escribir en un papel lo que se ha pensado antes sobre la almohada.
Este primer paso concreto es tanto emocional y cerebralmente costoso pero necesario en cualquier tipo de emprendimiento. El primer paso para romper el a veces maldito statu quo al que tiende a empujarnos la naturaleza.
Usted nómbrelo: un edificio, un plan de trabajo, el nuevo diseño para su invento, todo, pero TODO necesita el rito de rozar la punta de un lápiz con un papel para comenzar a dar forma a lo que en algún momento fue su genial e intimo chispazo de creatividad. Sin embargo, ocurre algo curioso en el caso de la narrativa audiovisual.
Aquí el emprendimiento también comienza con una idea, pero el proceso natural que le sigue, (sí, el del lápiz y el papel) puede extenderse varios días, semanas, meses, y en muchos casos, hasta varios años. Me refiero a la escritura de un guión.
¿Puede una idea sobrevivir al tedioso paso del tiempo antes de concretar la forma a la que estaba destinada a transformarse? ¿Puede la fuerza creativa resistir los cambios personales que hacen verla y evaluarla constantemente como apuntándole con una pistola en la cabeza? ¿Puede esa idea sobrevivir a la pregunta sobre su valor o viabilidad luego de pasar tantas hojas de calendario?
Este post no tiene una respuesta para estas preguntas. Solo intento socializar un estado por el que siempre me habían dicho (libros y personas) se suele atravesar como guionista.
¿Tendrá sentido seguir escribiendo? ¿Tendrá sentido asumir el riesgo, invertir tanto tiempo en algo que tiene muchas probabilidades de terminar sirviendo solo para coger polvo en un cajón?
Un profesor alguna vez me dijo que es una pérdida de tiempo escribir un guión si nadie te lo ha encargado o paga por ello. Vale, puede ser, pero esto es como el cuento del huevo y la gallina. Ningún arquitecto intenta seriamente convencer a los demás del valor de su obra sin al menos tener una maqueta bajo el brazo (sea esta binaria o de cartón).
¿Tendrá sentido invertir tanto tiempo en escribir sin al menos saber si se está avanzando por el camino correcto? ¿Aló? ¿Amiga inseguridad? No, no me invites, que la borrachera luego es insoportable y duradera. Ya decidí sentarme frente al teclado y no dar más vueltas anesésicas. No me hagas cambiar nuevamente el número de mi teléfono.
No más guiones de cortometraje, tratamientos de 50 páginas o borradores para televisión. El guión de un LARGOMETRAJE es otra cosa.
Por muchas storylines, sinopsis, escaletas y tratamientos. Por muchos esquemas, pegatinas de colores clasificando tramas, curvas, inflexiones y valles dramáticos; llegó la hora de la verdad.
Me imagino que en este punto de la reflexión lo que cuenta es lo que la gente llama pasión. Una palabra que solo puedo imaginar de manera amorfa en mi cabeza, pero que me sirve para seguir adelante, aunque sea a tropezones.
En el caso de caer, siempre estará el viaje y las experiencias que quedan como consuelo.
Y como me gusta el cine, este post finalmente va del proceso de hacer cine y de la pasión necesaria para seguir adelante con tan Quijotezca aventura. Es por eso que comparto con vosotros algo así como la banda sonora de este momento. ADELE, de su Album “19”, Track 03: Chasing Pavements.
La traducción sería algo así:

Ya me he me he aclarado, no necesito pensármelo más, aun estando equivocada tendría razón, ya no necesito ver más, ya no, esto no es lujuria, ya lo sé, esto es amor, pero… Si se lo dijese a todo el mundo, aún no sería suficiente, porque no te lo he dicho a ti y eso es exactamente lo que necesito hacer al estar enamorada de ti. ¿Debería rendirme? o simplemente debería proseguir el camino aunque éste no condujera a ningún lado. ¿Sería una pérdida de tiempo? Aunque supiera cual es mi lugar, debería dejarlo allí? ¿Debería rendirme? o simplemente debería proseguir el camino, aunque éste no condujera a ningún lado. Yo me repondría y volaría alrededor en círculos, esperando entonces hasta que mi corazón se rompa y finalmente mi espalda comience a estremecerse, podría ser así? ¿Debería rendirme? o simplemente debería proseguir el camino aunque éste no condujera a ningún lado. ¿Sería una pérdida de tiempo? Aunque supiera cual es mi lugar, debería dejarlo allí? ¿Debería rendirme? o simplemente debería proseguir el camino, aunque éste no condujera a ningún lado. ¿Debería rendirme? o simplemente debería proseguir el camino aunque éste no condujera a ningún lado. ¿Sería una pérdida de tiempo? Aunque supiera cual es mi lugar, debería dejarlo allí? ¿Debería rendirme? o simplemente debería proseguir el camino, aunque éste no condujera a ningún lado.

Sí, lo sé, es una canción de amor y no de alguien escribiendo un guión. Pero también es una canción, de pasión, tiempo, cambio y por sobre todo de decisiones. La decisión de romper ese fatídico statu quo y empezar a mover nuestro gordo culo para hacer algo. Sea lo que sea.

Ya lo decía Malcolm Gladwell en su best seller "Fueras de serie"; para lograr la excelencia se necesitan 10 mil horas de práctica.

Este par de chicas cantan la canción de ADELE desde sus habitaciones, quizás comenzando a acumular horas, desde luego haciendo oídos sordos a sus inseguridades, y creyendo que tal vez no están tan equivocadas intentándolo. Al menos este es su primer paso.




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